Recuerdo, como si fuera ayer, vamos, que tenía unos amigos que una vez nos dijeron que nos dejaban ser sus amigos sin tan siquiera preguntarnos si nosotros queríamos ser amigos suyos. Ni mi hijo de seis años hubiera cometido jamás tal acto de prepotencia si es que realmente hubiese querido ser amiguito de alguno de sus compañeros de juego. Pero la gente mayor sí que lo hace, la gente mayor, los adultos, los padres de los amigos de nuestros hijos, no hace falta que escalemos muchas generaciones, vamos, gente de nuestra edad física, naturalmente ( esto da para otra reflexión, lo de la edad física y la edad mental ) pues bien todo este enjambre de gente que tenemos a nuestro alrededor, se permite la osadía de nombrarnos amigos de ellos sin que nadie se lo pida. Y claro la cosa después acaba como acaba.
Nadie se da cuenta de que ser amigo o no serlo no es una cuestión de palabras si no de hechos y que por lo tanto no hay ninguna ley escrita que lo pueda corroborar, porque en cada caso y en cada hecho las circunstancias serán distintas...no puede haber ni existir un contrato, ni tan siquiera verbal...” oye que quedamos mañana y nos hacemos amigos, vale? “, pues no, no señores, la cosa no funciona así. Para ser amigo de alguien tienes que ganártelo y eso es algo sin duda reciproco, y la voluntad debe existir por ambas partes, aunque al principio alguno no esté muy convencido, pero hay que estar ahí, luchar cada día por ser amigo de esa persona, demostrarle en cada hecho , en cada palabra, en cada gesto que esa persona te interesa, que te cae bien, que hasta puedes llegar a sentir algo por ella: amistad.
Sí señores adultos y engreídos, sí señores sabelotodo, la amistad es un sentimiento, no una palabra, la amistad es algo que se siente , y jamás se dice. La amistad es un valor tan importante como el amor, como la solidaridad, como la familia, como la libertad...
La cuestión reside en determinar en qué posición está la amistad para cada uno en su propia escala de valores. Bueno, si es que la tienen, que sí, que la tienen, pero no lo saben, y ver así la distancia entre peldaños que existe entre tú y el otro en cada concepto o valor para ver lo cerca o lejos que estáis de poder ser amigos o no. Esa escala es movible y en eso ha de consistir nuestro esfuerzo si queremos conseguir la amistad del otro. Pero ya os digo hay gente que confunde la escala de valores con un ascensor y así pueden subir más deprisa...tan deprisa que se caen... siempre se caen...
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